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La Posada de Valdezufre

Estos días hace un año que hicimos una escapadita muy, muy corta (una noche, lo menos que se despacha, aunque @elhombremasguapodelmundo me dijo el otro día que ya que Martín sigue comiendo mucho por la noche, nos podríamos ir a algún sitio “aunque sea un día, sin noche” y yo que me hablan de irme de viaje y pienso, por ejemplo en Namibia, no me veía yéndonos a pasar el día a, -yo que sé a lo que se referiria, ¿La Carlota?- a 50 grados, llamadme rara). El caso, que me desvío del asunto, es que teníamos una boda en la sierra de Aracena y aprovechamos la ocasión para conocer un hotelito que siempre que vamos por allí me llamaba la atención, La Posada de Valdezufre.

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#losmartescon2; Costa amalfitana III

Tercer y último post sobre nuestra escapada a la Costa Amalfitana o cómo flipar tanto con tu niño que se te olvide fotografiar lo que visitas y sólo tengas “objetivo” para él 😉

Después del buen sabor de boca que nos había dejado la excursión en barco a Positano, el último día decidimos coger otra vez el ferry e ir a visitar Capri, que me sorprendió bastante positivamente -aunque había bastante gente, eso sí-.
Un día tranquilo en el que nos dedicamos a pasear por sus callejas,

 

 

 

 

(ahí le entraron ganas de llamar a tia ana)

A pararnos en los puestecillos de cualquier cosa,

¡A tomar helados!

 

 

a disfrutar de las vistas,

 

 

y por la tarde a darnos un baño en otra de esas calas de piedras que daban al agua un color tan increible:

Una excursión que pocos nos recomendaron por la masificación de gente que suele ir en verano pero que, yendo sin prisas y con la intención de dar un paseo, sin duda merece la pena. Eso sí, si vais en otra época del año quizás podáis conocer la otra parte de la isla que dicen que es más
bonita pero que nosotros descartamos principalmente por el calor y por no darle la paliza a Carlos, que está visto que disfruta más cuando los planes no están sobrecargados de visitas y hay tiempo para pararse en cada esquina, alcantarilla, ventana o cualquier cosa interesante que encuentre por el camino.

Podéis ver el resto de los post sobre la Costa amalfitana, incluido el de nuestra casita allí, aquí y aquí.

 

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#losmartescon2; Costa Amalfitana con niños II

A estas alturas de año parece que ya apetece ir pensando en vacaciones, así que vamos a ver si seguimos contándoos la escapada que hicimos el veranos pasado a la Costa Amalfitana:
Podéis ver los 2 primeros post aquí y aquí

 

Fue un viaje tranquilo porque con un niño y una embarazada tampoco teníamos gana de correr mucho, así que nos dedicamos a disfrutar de cada momento, también de esas cosas que a veces en casa se hacen con prisas y las vacaciones pueden ser una oportunidad para hacerlas divertidas,
El segundo día decidimos dejar el coche en casa y cogernos un barquito rumbo a Positano, así  el camino se nos hacía más entretenido a todos,

 

E
íbamos disfrutando de los paisajes;

Una de las cosas más bonitas de la
costa Amalfitana son precisamente las vistas desde el mar, los
acantilados, los pueblitos colgados de las montañas, las casitas de
colores, como sacadas de un cuadro…

¡Ya llegamos!
La entrada a Positano es preciosa…
 Como
hacía mucho calor, lo primero que hicimos al llegar fue coger un taxi
de agua e irnos a dar un baño en una playa
muy recomendable, Arienzo, una cala de aguas cristalinas rodeada
de acantilados y muy cerca del pueblo,

 

 

Nos
gustó tanto que decidimos quedarnos a probar la pasta fresca y el
tiramisú en su chiringuito para darnos otro baño por la tarde

Cuando fue cayendo un poco el sol cogimos el taxi de vuelta a Positano,

 

 

 

Y entonces pudimos disfrutar sus callejas con mejor temperatura;

 

Llenas
de visitantes, mercadillos de artesanias, locales que ofrecían pizzas
recién hechas y helados artesanos, músicos callejeros, etc.

 

 

Hasta
que llegó la hora del último ferry y hubo que volver a nuestro
pueblecito al lado de Salermo donde nos esperaba una grata sorpresa…

 

 

 

 

 

El pueblo estaba de verbenas!

Con lo que le gustan las verbenas a unos
que yo me sé… Así que pasamos por casa a darnos una ducha y bajamos a la plaza donde había un montón de hornos de leña que impregnaban el ambiente de un olor… Umm

y por supuesto, ¡la
orquesta!

No había quien arrancara de allí al bailarín de “yo sin tí y
tú sin mí” 😉

La verdad es que fue un día muy muy completo y viendo las fotos me han entrado unas ganas de verano… ¿a vosotros no?
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#escapada Albarracín

En la continua revisión de fotos antiguas que me obliga a hacer mi querido móvil, que se queda sin espacio día sí, día también y me hace borrar todo lo borrable, he encontrado estas fotos que no son muy buenas pero me han recordado una escapadita que hicimos hace 3 años y que quería recomendaros antes de dar por finalizado el invierno y buscar sólo destinos con playa 🙂

Fuimos allí aprovechando unos dias libres y aunque el destino final era el hotel que os enseñamos aquí, hicimos una parada en Albarracín, un pequeño pueblo que no os podéis perder si pasáis por Teruel,

 

Un pueblo rodeado por el río Guadalaviar y totalmente encaramado en un peñón; de hecho, las casas que dan hacia el río parece que están colgadas sobre él.

Pintoresco donde los haya, sus calles son empinadas, muy estrechas y las casas tienen un color rojizo muy característico llamado rodeno, debido a la arenisca de la que están hechas.

 

Por sus piedras parece que no ha pasado el tiempo, y si vais con frío, no se me ocurre mejor plan que un paseo cuestas arriba y abajo para acabar en uno de los pocos bares de la zona cenando una pata de cordero y una botella de vino a medias.
Así sí que se duerme bien 🙂

 

 

Una de las muchas cosas que me gustan de viajar es ir por la calle mirando y no sólo viendo, salir un poco “de todo” y verte a tí mismo y a tu propia vida desde otro ángulo…
 
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#losmartescon2; La Colorá, una casa rural para niños y mayores

Pasar un fin de semana en el campo con amigos es uno de esos planes que siempre nos apetecen y que muchas veces vamos dejando por lo complicado que es cuadrar las agendas de todos (¡ni que fuésemos ministros!) y, en el caso de conseguir ese primer paso, además encontrar un sitio en el que quepamos, porque sí, tenemos la gran suerte de tener unos grupos de amigos bastante grandes…
Así que cuando al fin conseguimos ambas cosas, a pesar de que el tiempo no acompañó y en un principio imaginarse a 24 adultos y 26 niños compartiendo una casa puede provocar escalofríos, la verdad es que fue ¡un planazo!

Tanto que, en verano, si Dios quiere, repetimos plan, casa y compañía.  Y es que una de las claves para que resultara todo tan bien -a parte de lo buena gente que son todos 😉 – fue la casa:

Hacienda La Colorá

La verdad es que lo tenía todo; desde la situación, cerca de Córdoba para que no se hiciera pesado el viaje y por si alguien sólo podía apuntarse a pasar el día, a la distribución de las habitaciones en pequeñas casitas independientes unas de otras, repartidas por familias de forma que cada uno tenía algo de privacidad y podía organizar un poco el sueño de los niños, el uso de los cuartos de baño, etc.
Con tanta gente esa independencia facilita mucho la convivencia.

 

Además, todas las zonas comunes son muy amplias; la cocina, grande y totalmente equipada con utensilios y electrodomésticos a escala industrial, la zona de comedor con chimenea, al lado de la cocina, muy cómoda y acogedora.

Las habitaciones se distribuyen alrededor de un patio central muy grande y al otro lado del patio hay un salón enorme con distintas zonas para sentarse tranquilamente a charlar, para jugar al billar, para que los niños corrieran a pesar de la lluvia,

 

 

Y más allá de esa zona, la piscina, que fue la que nos inspiró para organizar otro fin de semana allí en verano; pistas para organizar partidillos,

 

 

y zona de columpios para los más pequeños,

 

 

Y por último los alrededores,  con un montón de sitios para ir de excursión, ver el pantano,

 

 

pasear entre los olivos,

y disfrutar de las vistas!

¡Ya tenemos gana de volver!

Por cierto que con mis amigas del colegio llevamos más de un año hablando de hacer un plan así con los niños y aún no lo hemos conseguido, grrr, a ver si al ver estas fotos os animáis 😉

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El monasterio de Yuste

Cuando os contábamos nuestra escapadita al Valle del Jerte nos quedó pendiente enseñaros una de las excursiones que más nos gustó, el Monasterio donde vivió sus últimos años y murió Carlos V:

 Cercana a la población de Cuacos del Yuste y rodeada de paisajes tan espectaculares como estos,

esta casa palacio fue declarada Patrimonio europeo en 2007 y la verdad es que tanto sus interiores como el claustro y los jardines bien merecen una visita,

De camino al monasterio disfrutamos también de la cantidad de agua que en esta época del año hace que las numerosas cascadas y gargantas del Valle del Jerte estén en su máximo esplendor,

 y por supuesto seguimos haciendo miles de fotos a las flores; ésta particularmente nos hizo gracia ya que justo era Semana Santa…

En general, una escapada muy recomendable en estas fechas!

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Cerezos en flor

Un post que tenía que salir sí o sí esta semana porque justo estamos en fechas de

El año pasado por esta época nos enteramos de una gran noticia y decidimos celebrarlo escapándonos un par de días nosotros solos, algo que no habíamos hecho desde que nació Carlos. No queríamos un destino muy lejano ni que tuviera muchas cosas que hacer ya que básicamente íbamos a descansar, así que cuando nos enteramos que ese fin de semana se esperaba que la floración en el Valle del Jerte estuviese en su momento de mayor apogeo lo tuvimos claro,

Un hotel bonito y paseos tranquilos para disfrutar este espectáculo de la naturaleza:

 Uno de los días quise levantarme al amanacer porque seguro habrían salido fotos espectaculares pero no fui capaz; de hecho mi máxima ilusión en aquel viaje era desayunar y meterme en la cama otra vez, qué mal cuerpo me dejan los embarazos!

Los atardeceres, sin embargo, eran como brumosos, por eso no se aprecia bien lo bonito que estaba el valle:

  

Desde luego si yo supiera pintar, eran paisajes dignos de un cuadro…

Para dormir no nos complicamos mucho e hicimos una apuesta segura, el Parador de Jarandilla de la Vera,

Entre La Vera y el Tiétar, un castillo que fue residencia de Carlos V y que aún conserva gran parte de su estructura original, como los 2 grandes torreones y un patio de armas en el que podría haberme pasado todo el fin de semana leyendo 😉

Además nos quedamos a cenar allí mismo, que es algo que no solemos hacer en los hoteles y siempre me quedo con la gana, y lo cierto es que comimos estupendamente…

La verdad es los Paradores (aunque no todos) suelen aprovechar edificios históricos que a menudo merecen una visita en sí mismos,

Fueron sólo 2 días pero tuvimos la suerte de coger el Valle en su máximo esplendor y es que el otro día leí en algún sitio que este año la floración está prevista a partir del 27 de marzo y no podía dejar de recomendaros la visita!

Si queréis más información tanto de fechas como de alojamiento o
actividades que organizan en torno a la Fiesta del Cerezo en Flor podéis
mirar aquí.