martes, 15 de octubre de 2013

Porque todos tenemos días malos...

¡Buenos días!
Hoy quiero dedicaros este post a vosotras, a esas amigas con las que he hablado estos días y por unos motivos u otros no están pasando un buen momento. ¿Quién no ha tenido nunca unos días de bajón? EL bajón puede ser por muchos motivos diferentes: el trabajo, el amor, un simple altibajo o una enfermedad de alguien cercano. Sea cuál sea el motivo, todos pasamos por malos momentos, y todos salimos de ellos. A veces tardamos más, y a veces menos, pero lo importante es superarlo y aprender de ello. Porque si algo he aprendido, es que de todo se aprende. Aunque sólo sea, aprender a ser más fuerte. Así que hoy, este pequeño empujoncito en forma de cuento, que yo también necesité hace ahora casi un año, me sirvió mucho y de vez en cuando me gusta recordar.

“Hubo una vez un rey, que dijo a los sabios de la corte:
Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera, que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total… Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.
El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:
    No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje – el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dió al rey. Pero no lo leas –le dijo- mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo solo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.-
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino.  Estaba huyendo y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y caer por él sería el fin. No podía seguir adelante y no había ningún otro camino… De repente se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía “ESTO TAMBIÉN PASARÁ”.
Mientras leía “esto también pasará” sintió un gran silencio a su alrededor. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar a los caballos.
El rey se sintió profundamente agradecido por el mensaje. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunión a sus ejércitos y reconquistó el reino. Hubo una gran celebración con música, baile y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.
El anciano estaba a su lado y le dijo:
-          Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
-          ¿Qué quieres decir? Ahora estoy victorioso la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado ni triste.
-          Escucha – dijo el anciano- este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas, también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último, también es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó: “Esto también pasará”.
Entonces el anciano le dijo:
Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.
Mucho ánimo, porque sea lo que sea, PASARÁ. Y aquí estaremos para celebrarlo juntas.

3 comentarios:

  1. Muuuuuyyyyy cierto!!! Gracias por el mensaje ;)

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  2. Asi es!!!...queria daros la enhorabuena por vuestro blog...m encanta!!

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  3. Muchas gracias a vosotros! nos encantaría que pusiérais vuestro nombre en los comentarios porque no sabemos como referirnos a los anónimos ;)!

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